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Trastorno límite de la personalidad (TLP) y trastornos de la alimentación relacionados

Los trastornos de la personalidad son una problemática cada vez más común y sonada, especialmente entre adolescentes y adultos jóvenes. La Organización Mundial de la Salud ha estimado que la prevalencia de tener un trastorno de la personalidad es del 6.1%. Estos trastornos han sido asociados con una amplia gama de resultados adversos para la salud, tales como alteraciones del sueño, obesidad y otras condiciones de salud crónicas 1.

Pero … ¿qué es el trastorno límite de la personalidad?

El trastorno límite de la personalidad (TLP) es un trastorno que se caracteriza por la inestabilidad de la autoimagen, relaciones interpersonales con patrones inconstantes y emociones intensificadas. Otros síntomas incluyen impulsividad, ira intensa, sensación de vacío, fuertes temores al abandono, entre otros. La edad de inicio del TLP varía, pero los síntomas suelen manifestarse en la adultez temprana. En la población general adulta, las tasas de TLP oscilan entre el 0.7% y el 2.7% 2.

Los pacientes con TLP tienen una mayor prevalencia de comorbilidades somáticas, como enfermedades endocrinas, metabólicas, respiratorias, cardiovasculares e infecciosas, en comparación con personas sin TLP 3.

Actualmente se propone que, en el TLP, los factores genéticos y las experiencias adversas en la infancia interactúan para influir en el desarrollo cerebral a través de hormonas y neuropéptidos. Se cree que las experiencias adversas en la infancia pueden conducir a la formación de rasgos de la personalidad que pueden predisponer al TLP a través de mecanismos epigenéticos. A nivel neuroendocrino, se sugiere que disfunciones en el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal (HPA), con niveles alterados de cortisol, subyacen a las respuestas al estrés deterioradas características del TLP. La hipótesis más ampliamente aceptada sugiere un desequilibrio fronto-límbico en el TLP, en el que la desregulación emocional está mediada por la hiperactividad de estructuras límbicas (por ejemplo, amígdala, hipocampo y corteza cingulada anterior) y el funcionamiento anormal de estructuras prefrontales 4.

Y el TLP ¿puede impactar la conducta alimentaria?

Diversas investigaciones han demostrado que los comportamientos alimentarios desordenados se encuentran en adultos con TLP 2. Se define el comportamiento alimentario desordenado como conductas alimentarias anormales que no cumplen con los criterios para el diagnóstico de un trastorno alimentario 3, pero que también pueden estar presentes en individuos con trastornos alimentarios. Estas conductas incluyen atracones de comida, hacer dieta restrictiva, omitir comidas regularmente y provocarse el vómito, entre otras.

Los comportamientos alimentarios desordenados pueden clasificarse en categorías de conductas como la restricción crónica de alimentos, así como la alimentación compulsiva/atracón con o sin purga. Este tipo de comportamientos en niños y jóvenes representan un desafío para la salud pública, ya que son un factor de riesgo para consecuencias físicas y mentales adversas en estos grupos. Estudios previos han documentado que los comportamientos alimentarios desordenados están asociados con diversas consecuencias físicas adversas en niños y jóvenes como obesidad, desnutrición y diabetes 5.

¿Qué se puede hacer desde la nutrición?

En los últimos años, ha habido un aumento en la investigación sobre los efectos de la nutrición en la salud mental, lo cual puede ser un aspecto importante en la prevención de muchos trastornos psicológicos. El mayor potencial terapéutico se ve en la dieta, la actividad física, el uso de psicobióticos y el consumo de antioxidantes. La investigación también muestra que existen intervenciones nutricionales que tienen potencial psicoprotector 6.

Se ha propuesto que los efectos inflamatorios de una dieta alta en calorías y grasas saturadas son un mecanismo a través del cual la dieta occidental puede tener efectos perjudiciales en la salud mental, incluyendo el deterioro cognitivo, la disfunción del hipocampo y el daño en la barrera hematoencefálica 7. Dado que diversas condiciones de salud mental, incluidos los trastornos del estado de ánimo, se han relacionado con una inflamación elevada, este mecanismo también presenta una vía a través de la cual una mala alimentación podría aumentar el riesgo de depresión. Se ha encontrado que la adherencia sostenida a patrones dietéticos mediterráneos puede reducir los marcadores de inflamación en los seres humanos 7.

En general, los datos revisados parecen atribuir un papel positivo para los nutrientes ácido eicosapentaenoico (EPA), ácido docosahexaenoico (DHA), magnesio, alfa-tocoferol y ácido fólico, ya sea solos o en combinación con medicamentos, en la preservación de la función cerebral normal y el bienestar mental, al menos en parte a través del control de la neuroinflamación. Sin embargo, se necesitan ensayos clínicos adicionales para confirmar los resultados obtenidos hasta ahora y tener una comprensión más profunda de los mecanismos de acción y el rango de dosis efectivas de los nutrientes EPA, DHA, magnesio, alfa-tocoferol y ácido fólico en la recuperación/preservación de la salud mental y el bienestar 8.

En conclusión, la salud y el bienestar mental son elementos especialmente importantes tanto para personas saludables como para aquellas con padecimientos psiquiátricos, y la nutrición es uno de los componentes del estilo de vida que puede ayudarnos a lograr este bienestar mental. Los estudios muestran evidencia clara de relaciones directas entre la nutrición, la susceptibilidad al estrés, la salud mental y la función mental a lo largo de la vida, e incluso el autocuidado para ciertas comorbilidades existentes.

Referencias:

  1. Leichsenring, F., Fonagy, P., Heim, N., Kernberg, O. F., Leweke, F., Luyten, P., Salzer, S., Spitzer, C., & Steinert, C. (2024). Borderline personality disorder: a comprehensive review of diagnosis and clinical presentation, etiology, treatment, and current controversies. World psychiatry : official journal of the World Psychiatric Association (WPA), 23(1), 4–25. https://doi.org/10.1002/wps.21156
  2. Marino MF, Zanarini MC. (2001). Relationship between EDNOS and its subtypes and borderline personality disorder. The International Journal of Eating Disorders. 29(3):349–353.
  3. Tabler J, Geist C. (2016). Young Women with Eating Disorders or Disordered Eating Behaviors: Delinquency, Risky Sexual Behaviors, and Number of Children in Early Adulthood. Socius: Sociological Research for a Dynamic World. 2 doi: 10.1177/2378023116648706. 237802311664870.
  4. Al-Salom, P., & Boylan, K. (2019). Borderline Personality Disorder and Disordered Eating Behaviour: The Mediating Role of Rejection Sensitivity. Journal of the Canadian Academy of Child and Adolescent Psychiatry = Journal de l’Academie canadienne de psychiatrie de l’enfant et de l’adolescent, 28(2), 72–81.
  5. Wu, X. Y., Yin, W. Q., Sun, H. W., Yang, S. X., Li, X. Y., & Liu, H. Q. (2019). The association between disordered eating and health-related quality of life among children and adolescents: A systematic review of population-based studies. PloS one, 14(10), e0222777. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0222777
  6. Grajek, M., Krupa-Kotara, K., Białek-Dratwa, A., Sobczyk, K., Grot, M., Kowalski, O., & Staśkiewicz, W. (2022). Nutrition and mental health: A review of current knowledge about the impact of diet on mental health. Frontiers in nutrition, 9, 943998. https://doi.org/10.3389/fnut.2022.943998
  7. Firth, J., Gangwisch, J. E., Borisini, A., Wootton, R. E., & Mayer, E. A. (2020). Food and mood: how do diet and nutrition affect mental wellbeing?. BMJ (Clinical research ed.), 369, m2382. https://doi.org/10.1136/bmj.m2382
  8. Muscaritoli M. (2021). The Impact of Nutrients on Mental Health and Well-Being: Insights From the Literature. Frontiers in nutrition, 8, 656290. https://doi.org/10.3389/fnut.2021.656290

Redactado por

eLN. Carolina Salazar Guerrero (caroslzrg@gmail.com)

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